sábado, 27 de noviembre de 2010

PRECIOSIDAD

Iba condiciendo, de pronto, vi una preciosidad que me hizo detener inmediatamente, bajé del coche, no podía apartar la mirada de esa preciosidad, casi me corta la respiración, di varias vueltas a su alrededor contemplando sus curvas perfectas, esbelta, vista por delante y por detrás impresionante, vestía moda italiana al igual que el calzado, todo precioso, ojos agresivos, voluptuosidad, por donde se mirara, simple y llanamente perfecta. Lo mejor de todo, sabía que esa preciosidad no me diría, “tú idiota que miras, ¿no has visto nunca nada tan bonito como yo?” o “con tu aspecto debes pasar mucha hambre” o simplemente una mirada de desprecio, la preciosidad era un Ferrari Testarrosa, precioso, potente, impresionante, imponente, …, el único que he visto. Para mirar a una mujer, no lo haría, la mayoría solo ven el continente, se niegan a ver el contenido.

NAVEGANTE

Navegando por esos Lares cansado que las sirenas no vieran más que a un simple tullido me dediqué solo a navegar, ignorando las calas en las que multitud de sirenas esperaban o buscaban a su navegante, un día encontré a una sirena varada, arponeada, preciosa, rubia de pelo largo, ojos color negro azabache, la encontré dolorida, quejosa, sin ganas de nada, éramos dos seres heridos sin intención de buscar nada más que compañía, hablábamos mucho, poco a poco sus heridas cicatrizaron todas a excepción de una en su corazón que mejoraba pero no acababa de cicatrizar. La charla de amigos, se transformó en necesidad imperiosa de vernos cada día, hasta transformarse en amor, complicidad, comprensión, fueron tiempos maravillosos, llenos de felicidad, alegría, por primera vez me sentía importante para alguien, vivo, querido, amado, útil, entregué lo que recibía, amor mucho amor. De pronto, el maldito tritón traidor que hirió a mi serena apareció, entonando la canción de caza con la que cautivó por primera vez a la bella sirena, volviendo a abrir en canal la herida del corazón de mi sirena, la última vez que nos vimos ya no hubo besos de amor, solo un par besos con cariño, que hicieron voltearse a mi corazón con un mal presagio, pensé; la perdí. Mi sirena confusa, me dijo que se iba lejos para meditar, fueron días de mucha incertidumbre, ansiedad, dolor de corazón, días muy duros. A su regreso ya nada fue como antes, no hubo más cenas de amor, ni besos apasionados, solo charlas de amigos. Transcurrido un tiempo la sirena me dijo que la canción del maldito tritón la había hipnotizado, que yo era un recuerdo muy hermoso en un rinconcito de su corazón, que ya no era su faro. Mi corazón estalló en un millón de pedazos. La sirena y el maldito tritón, se fueron juntos, lejos, muy lejos, compartieron cobijo, mesa y mantel. Navegando errante, reconocí la canción de caza del maldito tritón, me sorprendió amargamente ya que estaban juntos pero este, lanzaba su canción con el fin de cautivar a otra sirena mientras estaba con mi sirena, lleno de rabia me travestí en sirena entonando la más bella canción que el maldito tritón pudiera oír, no era otra que la de adularle, alabar su ego, haciéndole ver que me había cautivado, de inmediato se lanzó sobre mi cual perro hambriento. Hablé con mi sirena y le conté lo sucedido, aunque le dije que la otra sirena era una amiga mía, ella supo que era yo travestido en sirena, mi sirena tenía un nuevo arpón clavado en su corazón que definitivamente la apartó del maldito tritón. Insistí para recuperar su amor, pero su corazón estaba demasiado dolido como para volver a sentir amor. Un día recalé en el hogar de un muy amigo mío, que conocía a mi sirena, sin pensar comenté pasajes de lo sucedido, y a posteriori se lo comenté a mi sirena, lógicamente se sintió traicionada, desde entonces, me siento como gusano rastrero, sin saber que hacer para subsanar lo insubsanable. Espero que no esté todo perdido. Sigo enamorado de ella. Cada día la sirena se aparta más y más mandando señales inequívocas que no sentía nada por mí, comprendí que ya no había nada que hacer, decidí guardar el amor que sentía en un rinconcito de mi corazón bien guardado en una preciosa caja. Sólo será una preciosa amiga, sólo eso. Seguiré navegando, buscando paisajes atrayentes y buscándome a mi mismo apartándome de lugares donde haya sirenas no quiero escuchar sus cantos, si alguna vez aparece alguna, escucharé su voz, aunque a la defensiva, necesito reconstruir mi corazón y no encuentro los pedazos después de la explosión.

Lluvia, llévate el dolor de un corazón que lo dio todo, las lágrimas de unos ojos que rieron de emoción. El frío invierno mantendrá vivo lo poco que queda de un corazón que estalló en miles de pedazos.

QUIERO REIR CON LOS OJOS

Lo eliminé