miércoles, 8 de diciembre de 2010

EMPAR - VICENT

Aunque se conocieron tiempo atrás, empezaron a salir como pareja el sexto día de la vigésimo quinta semana, para Vicent fue inesperado, estaba trabajando, de pronto sonó en su celular Bad Romance (politono que sonaba única y exclusivamente cuando llamaba Empar), al descolgar, oyó su preciosa voz, que le decía: cariño, ¿nos vemos esta tarde?; sin dudar y con el corazón a mil por ahora él respondió: si. A la hora y lugar acordado aparecieron los dos, Empar, antes (motivos de pruntualidad),  Vicent un poco después (su punto fuerte no es la pruntualidad) cuando se vieron, se besaron y abrazaron, Empar levaba una falda vaquera un poco por encima de la rodilla y una camiseta negra de generoso escote, Vicent llevaba pantalón vaquero y camisa informal algo desabrochada, era una tarde perfecta, sol, temperatura ideal, buena compañía, ambos estaban nerviosos, felices, contentos, excitados. Este primer encuentro fue breve, pero intenso, perfecto menos en el momento de la separación, cada uno debía volver a sus quehaceres. A este encuentro le siguieron más, con más  tiempo para estar juntos, cenas los dos solos. Cuando estaban juntos, por más gente que hubiera estaban solos, no existía nadie ni nada más, hablaban de todo, eran cómplices, se entendían, comprendían, las caricias recorrían los cuerpos de Empar y Vicent, se besaban apasionadamente, el pulso de ambos se disparaba llegando casi al punto de perder el control, aunque ambos a duras penas lo controlaban. Daban largos paseos por la playa, tanto a la luz del sol como a la luz de la luna contemplando su reflejo en el mar. El sexto día de la trigésimo segunda semana, salieron como otras tantas veces aunque fue un día especial, dieron rienda sueltas a sus impulsos, los dos fueron uno, una noche de frenesí, respiraciones al unísono, agitadas, entrecortadas, pasión, lujuria, desenfreno, sentimientos y emociones entre sabanas de seda, Empar y Vicent, Vicent y Empar, se sentían completamente felices, la separación fue más dura. Pasaron los días, eran tan felices que daba miedo, no parecía real tanta felicidad. Necesitaban estar en comunicación por el medio que fuera. Pero algo sucedió, los besos apasionados, dejaron de ser tantos y tan apasionados, Vicent y Empar, se sentían confusos preguntándose para si, ¿Qué sucede?, ¿Qué falla?, ¿Qué pasa?, ¿Por qué pasa?, …, interrogantes al aire sin respuesta. El séptimo día de la trigésimo quinta semana, se vieron como tantas veces. Un mal presagio se despertó en el corazón de Vicent, aún con sentimientos encontrados a flor de piel, y ojos vidriosos resistió la necesidad de llorar, necesidad que se agravó cuando al despedirse de Empar, no obtuvo más que un simple beso en los labios, no hubo besos apasionados, Vicent comprendió que todo se acabó aunque se negaba a creerlo y admitirlo. Empar se fue triste, con los ojos vidriosos, y un adiós que sonó como Little Boy sobre Hiroshima. Dos corazones felices, dos almas enamoradas que fueron una, estallaron en millones de pedazos. Dejando dos cuerpos vacíos, inertes, corazones rotos, almas sin rumbo.

Lluvia, limpia corazones, impregna almas, la vida continúa con menos alegría, aunque con la esperanza de nuevos amores.

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